Se creen dueños y propietarios de España. Son soberbios. Nunca admiten haberse equivocado y nunca entonan un mea culpa (la culpa es siempre de los demás).
Por pueblos y villas, como en los mejores tiempos franquistas, los autobuses van recogiendo a los incondicionales para cualquier manifestación convocada por los jefes, sea cual sea el motivo; los periodistas adictos acuden obedientes con sus plumas cargadas de veneno y baba; y uno se pregunta si un día este país tendrá por fin una derecha dialogante y razonable.
La no excarcelación de De Juana junto con las armas de destrucción masiva que no tenía Sadán, los hillos del Prestige y la entrega de restos humanos indiscriminados a los familiares de los militares del Jack 42 pasarán a la historia de las grandes mentiras políticas del PP.
Toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la Sociedad.
Que el PP se suicidó políticamente con sus grandes mentiras, nadie lo pone ya en duda. El 77% de la población no se fía ya de Rajoy, el jefe de la oposición menos valorado, (3,5) de la historia de la democracia.
Sin embargo la continua violación de la verdad como estrategia política del PP, no ha afectado para nada la salud democrática de nuestra sociedad; a quien sí está afectando es a la credibilidad de algunos partidos políticos, refugio de individuos incompetentes y deshonestos.
Los ciudadanos ya somos mayorcitos y pasamos de ellos. Sabemos esperar a las urnas para domesticarles. Este próximo mes de marzo lo volveremos a demostrar. A pie de urna siempre somos más que los que mienten, insultan y calumnian en las calles. A nosotros no nos convoca ni nos programa ni Aznar, ni Rajoy, ni Acebes, ni Alcaráz, ni Ynestrillas.
Estoy de acuerdo en que el caso De Juna pasará a la Historia de las grandes mentiras del PP. Pero hay entre ellas grandes diferencias.
La de las armas de destrucción masiva pasará a la historia como la mentira del genocidio Iraquí; y como tal no tendrá fecha de caducidad penal hasta que los tres personajes criminales de las Azores se sienten ante el Tribunal Penal Internacional.
La de los militarse semiasesinados por el gobierno Aznar, pasará a la historia como la mentira macabra que ha añadido más dolor al dolor de unos familiares apenados por la muerte de sus seres queridos. Hace falta ser desalmados para intentar engañar, en semejantes circunstancias, a personas tan doloridas.
La del Prestige pasará a la historia como la mentira cobarde de unos gobernantes irresponsables e incompetentes, capaces de negar hasta la evidencia.
Y la de De Juana, pasará a la historia como la mentira calumniosa; porque es una calumnia decir que el Estado cede al chantaje de eta porque el Juez de Instituciones penitenciarias aplica la legislación vigente a un preso por enfermedad, cuando los que lo dicen aceptaron que otros jueces de Instituciones penitenciarias, hicieran los mismo con otros 21 etarras, cuando gobernaban ellos.
"El PP le concedió a De Juana, -mientras cumplía condena por los 25 asesinatos dos redenciones extraordinarias máximas, de 175 días cada una, por escribir un libro, una novela, sobre su experiencia en la cárcel, donde vertía unas opiniones contra el sistema penitenciario, no sé si más duras que las de los artículos por los que ha sido condenado ahora. Por ese libro no sólo se le proceso, sino que el gobierno del PP le benefició. Una de esas redenciones, concedida indebidamente, la anuló este Gobierno de Zapatero".
Hace falta, mucho cinismo, mucha desfachatez y muy poca ética para insultar al presidente del gobierno por una decisión que el Juez de Instituciones penitenciarias ha tomado legalmente, como siempre se ha hecho, según explica en su entrevista la Directora general de Instituciones penitenciarias.
Busquen Uds. en el diccionario alguna palabra para calificar el comportamiento de unos señores que beneficiaron al etarra De Juana cuando cumplía los años de cárcel a que fue condenado por 25 asesinatos, y ahora critican al Gobierno porque un juez le aplica la ley penitenciaria vigente.
No creo que exista, porque tal patología política es nueva en nuestra historia democrática.